En octubre de 2006 el Lunar and Planetary Institute (LPI) celebró un congreso dedicado al estudio del interior de asteroides y cometas en Santa Cruz, California (EEUU). Entre los diferentes temas tratados los responsables de la sonda espacial Hayabusa, pertenecientes a la Agencia de Exploración Aeroespacial Japonesa (JAXA), mostraron su intención de proceder hacia 2010-2011 con otra misión similar hacia un pequeño asteroide. De hecho, esta futura misión consistiría en una sonda espacial prácticamente idéntica a su antecesora, aunque con algunas modificaciones menores que eviten problemas técnicos como los que tuvieron lugar durante el transcurso del estudio del asteroide Itokawa.
El objetivo de este nuevo vehículo, al que se ha denominado temporalmente Hayabusa-2, sería también el estudio de otro de los miles de asteroides que se aproximan a la Tierra, seleccionando uno en concreto con características composicionales diferentes a las de Itokawa. Por otro lado, JAXA también está considerando la posibilidad de lanzar más adelante un vehículo avanzado, denominado provisionalmente Hayabusa Mark-II, un modelo basado en las primeras Hayabusa pero más evolucionado, con instrumental adicional y capaz de efectuar un pequeño sondeo en la superficie de este tipo de cuerpos para retornar material a la Tierra.
Japón no es la primera nación que se plantea la posibilidad de emplear sondas idénticas o similares. Durante los primeros años de exploración espacial, la NASA envió sondas espaciales prácticamente idénticas a la Luna (varias Ranger, Surveyor y Lunar Orbiter), así como a Marte y Venus (Mariner) o al espacio interplanetario (Pioneer). Las razones para construir sondas idénticas son varias, pero pueden destacarse fundamentalmente tres:
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Es más barato fabricar varias sondas idénticas, pues el diseño, construcción, desarrollo del software, navegación y operatividad es prácticamente idéntico para todas ellas. Esto se traduce realmente en poder enviar más sondas al espacio, incrementando el retorno de información científica. Un claro ejemplo de ello es el orbitador europeo Venus Express, muy similar en diseño a la Mars Express (1), pero no tan caro al no ser necesario invertir dinero en un nuevo diseño. Lo mismo podría decirse para las futuras Hayabusas japonesas.
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Enviar al espacio una sonda espacial idéntica a otra que ya ha cumplido su misión con éxito asegura en buena medida la continuidad del éxito. Esta razón también se puede aplicar a la Venus Express o a la Hayabusa. De hecho, esta filosofía permite también validar con mayor solidez la operatividad de estos vehículos espaciales para construir posteriormente otras sondas más complejas. Surveyors, Pioneers o Mariners han sido en cierto modo los progenitores de las posteriores Viking, Ulysses, Galileo o Cassini.
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En el caso de misiones especialmente arriesgadas, construir sondas gemelas o múltiples no sólo abarata los costes, sino que permite maximizar las posibilidades de éxito. Un ejemplo evidente fueron las Viking o los Mars Exploration Rovers: dado que situar una sonda espacial en la superficie de Marte no sólo es difícil, sino arriesgado, la probabilidad de obtener información científica es mayor si se envían dos. Si el aterrizaje de la primera de ellas no tiene éxito, existe una segunda oportunidad; y si ambas lograban su objetivo, más y mejores resultados se obtienen de ello. Este modus operandi había aplicado anteriormente para las cápsulas Pioneer Venus Multiprobe, que descendieron con éxito a través de la atmósfera de Venus en 1978 y que consistían en cuatro cápsulas de las cuales tres eran idénticas
[Más información]. De todos modos hay que señalar que, aunque útil, esta filosofía es lógicamente la que más riesgo entraña y no siempre ha tenido éxito al estar muy influida por otros factores. Esto se demostró, por ejemplo, durante las ambiciosas misiones gemelas Phobos (antigua URSS) hacia Marte, ambas perdidas en las proximidades del Planeta Rojo.

De todos modos, hoy en día la industria espacial mundial se encuentra en una etapa de desarrollo sustancialmente más avanzada que hace 30 ó 40 años, traduciéndose esto en un número de éxitos mucho más alto que entonces, especialmente en lo que se refiere a las misiones interplanetarias. Aunque el riesgo en este tipo de empresas sigue presente y aún se producen errores que dan al traste con algunas misiones (recordemos la pérdida de la Mars Observer, Mars Climate Orbiter, la Mars Polar Lander, o la CONTOUR), el porcentaje de éxitos se incrementa progresivamente y buena muestra de ello son los resultados en estos últimos 10 años: Mars Pathfinder, Galileo, Mars Global Surveyor, Mars Odyssey, NEAR-Shoemaker, Mars Express, Mars Reconnaissance Orbiter, los dos Mars Exploration Rovers, las Deep Space I, Stardust, SMART-1, Deep Impact y Cassini-Huygens,... entre otras.
Centrémonos ahora en un caso particular: los Mars Exploration Rovers.
Durante estos años de misión la versatilidad de los MER ha quedado más que demostrada. Tras más de tres años de trabajo en la superficie marciana, puede asegurarse que la misión ha dado sus frutos y con creces. Tanto Spirit como Opportunity han obtenido una espectacular cantidad de datos e imágenes, superando en más de 10 veces sus 90 días previstos de vida útil y ofreciendo a los ingenieros de la NASA una oportunidad excelente para poner a prueba un software cada vez más avanzado para la navegación y recogida de información. Disponemos así de un tipo de vehículo perfectamente validado, capaz de obtener gran cantidad de resultados científicos durante periodos de tiempo de al menos varios meses y soportar largos desplazamientos en perfectas condiciones. Los científicos y los ingenieros que han trabajado con ambos rovers durante estos tres años han acumulado una experiencia muy valiosa y han llegado a lograr que su funcionamiento sea cada día más autónomo.

Imagen: puesta de Sol en Marte observada por el Mars Exploration Rover Spirit.
Pero se abre ahora el turno de preguntas: ¿por qué no aprovechar más el éxito? ¿Hay alguna razón para no lanzar más Mars Exploration Rovers a otros puntos del planeta? ¿Acaso no podrían explorarse con este mismo tipo de máquinas otras regiones del Planeta Rojo igualmente interesantes? Si ahora aterrizasen dos nuevos MER en otras zonas de la superficie marciana no sólo saldrían más baratos que los primeros, sino más productivos. El retorno de información científica que se lograría con ello, objetivo principal de estas misiones, sería extraordinario.
Imagen: una fotografía que muestra los logros de la exploración marciana en los últimos años, las huellas de un Mars Exploration Rover.
Naturalmente los MER no están hechos para aterrizar en cualquier punto del globo marciano o para desplazarse por todo tipo de terrenos ni en cualquier situación meteorológica. Un aterrizaje en lo alto del Monte Olimpo, en los terrenos más abruptos del Valle Marineris o sobre los hielos de polares sería muy arriesgado y seguramente acabaría en desastre. Hay otras regiones con importantes desniveles, con terrenos intransitables o simplemente con grandes bloques de roca que hacen imposible -hoy por hoy- un aterrizaje seguro. Otra limitación es que los MER obtienen su energía mediante paneles solares, diseño que obliga a situarlos en regiones cercanas al ecuador para contar con suficiente iluminación solar si queremos mantenerlos activos durante largos periodos de tiempo (en las zonas polares marcianas las noches invernales son largas, tal y como ocurre como en nuestro planeta). Aún así, esto no implica que no existan decenas de lugares apropiados e incluso espectaculares para este tipo de sonda espacial. La NASA seleccionó las áreas del cráter Gusev y de la planicie de Meridiani entre otras regiones que mostraban indicios de acción de agua líquida en el pasado. Entre ellas se incluían varios puntos de aterrizaje igualmente válidos en Arabia Terra, Chryse Planitia, Xanthe Terra, Elysium Planitia, Isidis Planitia, Syrtis Major e incluso en el Valles Marineris [Más información]. Enviar dos o tres rovers hacia estas regiones no implica necesariamente lograr un éxito absoluto, pero sí es al menos una apuesta aceptablemente segura a la que agarrarse y con indudables beneficios científicos.
Imagen: existen muchas zonas en el Planeta Rojo que perfectamente pueden ser exploradas con otras sondas tipo MER.
Aún así, existen muchos puntos no menos interesantes y perfectamente aptos para hacer aterrizar más Mars Exploration Rovers y cuyo estudio sería digno de considerar (2), limitando si hace falta la misión a pocos meses. Es perfectamente concebible una misión MER que limite su exploración a unos cinco meses e investigue un área próxima a los polos: contaría con días de larga duración y noches cortas durante una buena temporada, apropiadas para un estudio muy continuado del terreno. Progresivamente el acortamiento de los días iría limitando la energía solar captada y su vida útil hasta que el rover dejase de funcionar. Una misión de este tipo sería todo un éxito, incluso considerando esta limitación temporal. Dicha limitación también la sufrirá la sonda Phoenix, un vehículo estático que será lanzado en 2007 para aterrizar próximo a una región polar y llevar a cabo excavaciones en el terreno mediante un brazo robótico.
Lógicamente, varias dudas y preguntas pueden surgir a partir de estas ideas: ¿No retrasaría esto otras misiones más complejas que también pueden ofrecer, si cabe, más información de Marte? ¿No provocaría esta filosofía cierto "estancamiento" o "conformismo" que ralentizase la propia evolución de la exploración marciana o planetaria en general?
Imagen: ¿cuál es el tamaño máximo que necesitamos para un rover marciano?
Respondiendo a todo esto en conjunto y teniendo en cuenta la historia de la exploración marciana, un retraso de dos a cuatro años -tiempo que se invertiría en preparar y enviar nuevos MER- no podría considerarse ni mucho menos problemático. De hecho, si se hiciesen aterrizar uno o dos nuevos MER en el Planeta Rojo, el retraso de las posteriores misiones no podría equipararse en absoluto al que por ejemplo supuso la pérdida de las Mars Climate Orbiter y Mars Polar Lander. Además, si estas hipotéticas misiones MER tuviesen éxito, la investigación científica no quedaría interrumpida sino que se vería más enriquecida con nuevos datos de regiones no exploradas anteriormente. También sería perfectamente factible hacer algunas pequeñas mejoras en el diseño MER que contribuyeran a poner a prueba ciertos elementos tecnológicos aplicables a futuras sondas.
Naturalmente es deseable enviar sondas estáticas o rovers con prestaciones o instrumental científico más complejo que el que transportan los MER. Estos proyectos no tienen que quedar necesariamente estancados a la espera de haber enviado otros Mars Exploration Rovers al Planeta Rojo. Un retraso de dos o tres años para lanzar una misión posterior -por ejemplo, un rover más sofisticado- podría resultar incluso favorable, adquiriéndose en este intervalo temporal más experiencia e información para la preparación del proyecto. De este modo, probablemente estaríamos evitando errores en futuras misiones y estableciendo unas bases más firmes para proceder con una exploración planetaria más compleja y eficiente.
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(1) La sonda Venus Express, recientemente en órbita en torno a nuestro vecino planeta Venus, es muy similar en diseño al orbitador Mars Express, habiendo sido la misión de este último en torno a Marte una aceptable prueba de fuego para comprobar la validez del diseño del vehículo y su operatividad. Venus Express es así una Mars Express ligeramente modificada y transportada a Venus.
(2) Hay que señalar también que gracias a la flota de orbitadores actualmente en torno al planeta se ha llegado a una situación en la que es posible conocer con alta precisión la topografía local y rugosidad del terreno (presencia de fracturas, rocas de gran tamaño, etc), uno de las variables de mayor riesgo durante el aterrizaje. Esto añade un factor de seguridad con el que tan sólo hace unos años no se contaba y que permite descartar de antemano zonas que anteriormente aparentaban ser adecuadas para un aterrizaje pero que realmente no lo son.