
Nuestro
satélite natural fotografiado por la sonda Galileo
en su largo viaje hacia Júpiter. Miremos donde miremos,
los efectos de los impactos están por todas partes.
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Si echamos
un vistazo a nuestro satélite natural, la Luna, bien mirando
una fotografía o sencillamente a través de unos prismáticos
apoyados en un trípode, lo primero que saltará a nuestra
vista es que su superficie se halla completamente craterizada. Incluso
aquellos terrenos que se nos antojan más libres de cráteres
de impacto (mares lunares) no son más que el resultado de
violentas colisiones que excavaron sus tierras altas. Estos eventos
tan catastróficos –y habituales– tienen como
protagonistas a los cuerpos menores de nuestro sistema planetario
(asteroides y cometas) y constituyen parte fundamental de la historia
de éste.

Imagen tomada por el telescopio Espacial Hubble de los impactos
de trozos del cometa Shoemaker-Levy 9 contra la atmósfera
de Júpiter. |

Imagen que muestra el efecto hipotético
de uno de los impactos del Shoemaker-Levy 9 contra la Tierra,
100 minutos después de producirse éste. |
Naturalmente
no sólo se han producido impactos contra la Luna, sino contra
todos los cuerpos que forman el Sistema Solar, incluida la Tierra.
De hecho, estas colisiones siguen ocurriendo con cierta frecuencia,
tal como se ha constatado, por ejemplo, cuando el tren de cometas
Shoemaker-Levy 9 impactó contra el planeta Júpiter,
hecho que acaparó la atención de la comunidad científica
durante julio de 1994.
Los
estudios geológicos llevados a cabo durante las últimas
décadas nos han mostrado que nuestro planeta ha sido sometido
a un bombardeo meteórico similar al sufrido por la Luna,
e incluso más intenso.

Diversos cráteres
de impacto en la superficie terrestre, testimonio de episodios
violentos e instantáneos desde el punto de vista geológico.
De
arriba a abajo: -El famoso Meteor Cráter en Arizona
(EEUU), de 1.18 Km de diámetro, formado hace cerca
de 50.000 años. - Cráter Wolfe Creek (Australia),
de 875 metros de diámetro, formado hace aproximadamente
300.000 años. -La Estación Espacial Internacional
sobrevuela el cráter Manicouagan (Québec, Canadá),
con 100 Km de diámetro, resultado de un impacto ocurrido
hace unos 212 millones de años.
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En
realidad, debido
a su mayor fuerza de gravedad, la tasa de impactos en la Tierra
es 1.5 veces más alta que la de nuestro satélite natural.
Aunque los investigadores han hallado un buen número de cráteres
de impacto en la superficie terrestre, la cantidad total de éstos
es aparentemente baja, lo cual puede ser fácilmente explicado
debido al hecho de que la actividad geológica los ha ido
borrando en el transcurso de millones de años. Se pueden
invocar algunas causas que expliquen la “desaparición”
de estas estructuras de impacto:
-
Han sido erosionados (sobre todo los cráteres antiguos y
principalmente los de pequeño diámetro).
- Se hallan ocultos, cubiertos por materiales volcánicos
o sedimentarios, sólo detectables como anomalías geofísicas.
- La actividad tectónica los ha deformado, de tal modo que
resultan irreconocibles.
- Los impactos en las zonas marinas han desaparecido por subducción.
Existe,
además, de entre todas las estructuras de impacto conocidas,
un “déficit” de cráteres con diámetros
pequeños (menores a 20 Km), los cuales resultan más
fáciles de borrar de la superficie terrestre que los grandes.
De todos modos, a pesar de la ausencia de un buen número
de cráteres, contamos con numerosas pruebas, tanto directas
como indirectas, que dan fe de violentas colisiones en el pasado
y en tiempos relativamente recientes, como son:



De
arriba a abajo: Brechas de impacto,conos astillosos, tectitas |
-
Brechas de impacto.
-
Conos astillosos.
- Tectitas y microtectitas.
- Minerales que presentan marcas de metamorfismo de impacto.
- Minerales de alta presión.
- Discontinuidades erosivas.
- Capas de arcilla enriquecidas en elementos raros, poco comunes
en la Tierra, pero frecuentes en los meteoritos (Ir, Pt, As, Au...).
- Variaciones de isótopos estables, como el O, C, Sr87/86,
etc...
El
rango de tamaño de los objetos impactantes se halla entre
cuerpos de pocos metros hasta otros de varios Km de diámetro,
produciendo efectos muy distintos, que a continuación trataremos.
El
impacto y sus consecuencias
El efecto de los impactos de asteroides y/o cometas contra la Tierra
es diferente en función de varios factores: el diámetro
del impactante, su velocidad, su densidad, el lugar en el que se
produzca el impacto (océano o tierra firme), etc...
Para
intentar comprender cuales serían los efectos de una colisión
con un asteroide o núcleo cometario de unos 10 Km de diámetro
podemos haceruna comparación viendo un resumen de los efectos
que produjo hace casi un siglo el llamado “Suceso Tunguska”:

Restos
de árboles hechos añicos en Tunguska a consecuencia
de la onda de choque producida por la explosión en
la atmósfera terrestre de un pequeño cuerpo
de menos de 100 metros de diámetro en junio de 1908.
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El
30 de junio de 1908, una explosión ocurrida en Siberia, concretamente
en la región del río Tunguska, destrozó
2150 Km2 de taiga siberiana, derribando de golpe cerca
de 60 millones de árboles. Los estudios realizados con posterioridad
han mostrado que este suceso podría haber sido el resultado
de la explosión en la atmósfera de un pequeño
cometa o asteroide menor de 100 metros de diámetro, que habría
provocado una explosión de más 10 megatones de energía,
lo equivalente a más de un centenar de bombas atómicas
con una potencia como la de Hiroshima. Dicha explosión liberó
toda su energía en la atmósfera, produciendo una reducción
del flujo solar que pudo ser observada desde el Norte de Europa
y California. Se estima que la explosión de este bólido
originó gran cantidad de NOX, que durante varios
años causaron una reducción de los niveles de O3
en un 30-45% en el hemisferio Norte terrestre.
El suceso Tunguska no es más que el resultado de un pequeño
impacto sobre nuestro planeta que –en cierto modo– ha
pasado desapercibido, debido a que éste tuvo lugar sobre
un paraje del planeta prácticamente despoblado. Los efectos
que habría ocasionado esta explosión si se hubiese
producido sobre un núcleo urbano o una zona densamente poblada
bordean el límite de nuestra imaginación.
Explosiones más pequeñas son relativamente frecuentes
en la Tierra: en 1996, satélites militares de los EEUU destinados
a localizar posibles detonaciones nucleares sobre nuestro planeta
producidas en ensayos armamentísticos detectaron sobre Groenlandia
una explosión producida por un meteoro equivalente a 100
Kilotones. Si esto hubiese sucedido sobre un área poblada,
cientos de miles de personas podrían haber perecido. El 6
de junio de 2002, otra explosión tenía lugar en la
atmósfera terrestre, sobre el mar Mediterráneo, esta
vez de 12 Kilotones. Un tema que actualmente se discute es si ésta
podría eventualmente ser la “chispa” que produjese
una ola de pánico, encendiendo un importante conflicto bélico
entre dos potencias nucleares rivales.
Pero las consecuencias del impacto de un asteroide o cometa con
un diámetro de unos 10 Km convertirían cualquiera
de estos sucesos en incidentes insignificantes. Un cuerpo de dicho
diámetro liberaría en el impacto unos 100.000 megatones
de energía, lo equivalente a más de cinco millones
de bombas atómicas como la que destruyó Hiroshima
o 100 veces los actuales arsenales de armas nucleares. El impacto,
que produciría una compresión de 10000 GPa, provocaría
un terremoto de magnitud 12 en la escala de Richter, vientos de
más de 500 Km/h y un calentamiento del punto de impacto en
unos 100.000°C, temperaturas capaces de fundir instantáneamente
entre 10 y 100 veces la masa del proyectil. Si el impacto tuviese
lugar sobre el océano, el meteorito y una gran masa de agua
pasarían a estado gaseoso, generándose una gran pluma
de vapor con un diámetro de unos 700 Km, 50 veces mayor que
el espesor de la atmósfera terrestre. En total una masa de
vapor de agua, material fundido y vaporizado entre 10 y 100 veces
mayor que la del propio meteorito sería eyectada a gran velocidad
hacia la estratosfera, pudiendo llegar un pequeño porcentaje
de los fragmentos a alcanzar la velocidad de escape suficiente (11.2
Km/s) como para huir de la gravedad de nuestro planeta.

El tsunami generado por el impacto barrería áreas
costeras, zonas en las que la densidad de población es
muy alta. |
La
violencia del impacto generaría un cráter de unos
150 Km de diámetro con una protuberancia central causada
por rebote elástico y produciría movimientos en masa
en márgenes continentales y turbiditas en la base del océano.
La colisión en el océano daría como resultado
un cráter algo mayor y más plano que el producido
en tierra firme (debido a la inestabilidad de la pared o borde del
cráter bajo las aguas del océano), existiendo la posibilidad
de la ruptura de la corteza oceánica, lo cual dejaría
una marca morfológica, gravitatoria y magnética importante.
Uno
de los efectos inmediatos de esta colisión sería la
elevación en el mar de enormes olas marinas (tsunamis) que
barrerían los océanos de la Tierra hasta batir contra
la costa. La altura inicial del tsunami en el punto de impacto sería
igual a la profundidad del océano. Así, por ejemplo,
un choque de un bólido de 10 Km de diámetro en un
océano de 5 Km de profundidad formaría un tsunami
de 5 Km de altura inicial que habría disminuido hasta “sólo”
150 metros tras haber recorrido medio planeta en unas 27 horas.
Esta enorme ola erosionaría violentamente todas las plataformas
externas e inundaría las áreas continentales.
Una de las primeras consecuencias directas del impacto sería
el traspaso de energía calorífica a la atmósfera.
Esto se puede producir mediante cuatro mecanismos:
1.- Calentamiento directo por fricción mientras el
proyectil atraviesa el aire.
2.- Explosión atmosférica y desintegración
del objeto (o parte de éste) en el aire.
3.- Expansión explosiva del proyectil y de las rocas situadas
en el lugar del impacto tras la colisión.
4.- Movimiento de los materiales eyectados a través del aire
y calentamiento de éste por las propias eyecciones.

La generación de incendios en la superficie terrestre
sería una consecuencia directa de un impacto de un cometa
o asteroide |
Tras el impacto se produciría un masivo desplazamiento de
aire caliente y partículas incandescentes desde el lugar
del choque, lo cual provocaría importantes incendios durante
meses en áreas continentales cercanas, pudiendo llegar a
consumirse hasta un 20% de la reserva forestal mundial. El abrasamiento
de la vegetación daría como resultado la formación
de hollín de carbono puro, que oscurecería el planeta
impidiendo la llegada de luz solar a la superficie. Durante meses
o incluso años, el calor generado por el impacto y la caída
de las eyecciones procedentes de éste producirían
un importante calentamiento de la atmósfera (+10°C) y
de la superficie terrestre, principalmente en las zonas más
próximas al lugar de la colisión: se calcula que la
temperatura podría incrementarse en más de 400°C
en un radio de 5000 Km y aún mucho más aún
en un radio de 1000 Km. Si el impacto tuviese lugar en el océano,
éste provocaría la ebullición de las aguas
y el vapor generado se eyectaría desde un punto en la superficie
hacia una zona de pocos miles de Km de diámetro en la estratosfera.
Pronto todo este vapor recondensaría en lluvia y nieve “sucia”,
debido a la mezcla de ésta con parte del material sólido
eyectado, tardando en retornar a la superficie de nuestro planeta
varias semanas o meses.

El bloqueo
de radiación solar tras el impacto sumiría al
planeta en un periodo de gran oscuridad que podría
persistir durante meses y cuyas consecuencias medioambientales
resultarían catastróficas.
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Una
vez sufrido el calentamiento inicial se produciría un efecto
opuesto: el polvo generado por el impacto se distribuiría
por la atmósfera terrestre en pocos días, provocando
lo que se denomina un invierno nuclear: un periodo de varios meses
de oscuridad y de descenso de la temperatura global del planeta.
Se ha calculado que el bloqueo total de la radiación duraría
de días a semanas y que el fenómeno de oscuridad podría
persistir entre 3 y 6 meses, hasta que el polvo se sedimentase sobre
la superficie terrestre. ¿Qué implicaciones tendría
todo esto?:
1)
Una reducción drástica de la temperatura atmosférica,
llegando a ser ésta en el interior de los continentes inferior
a la del punto de congelación del agua. Podrían producirse
importantes nevadas de hasta 6 metros de altura en los continentes,
a excepción de las zonas costeras, en donde la temperatura
se halla amortiguada por las masas de agua oceánicas. Los
océanos no sufrirían un enfriamiento tan radical,
debido a su gran capacidad calorífica. Las temperaturas por
debajo del punto de congelación en una buena parte del globo
terrestre y las importantes nevadas podrían incrementar el
albedo de la Tierra, lo cual conllevaría un mayor descenso
de las temperaturas e iniciaría una glaciación que
persistiría durante un periodo de tiempo indeterminado.
2)
El colapso de la fotosíntesis y la ruptura de la cadena alimenticia,
que produciría extinciones en masa de los consumidores primarios
y secundarios, herbívoros y carnívoros, dependientes
directa o indirectamente de las plantas terrestres o el fitoplancton.
La reproducción de los animales terrestres también
se vería afectada, sucumbiendo éstos por falta de
alimento y por no poder soportar las condiciones climáticas
adversas. La alteración de la fotosíntesis del fitoplancton
también conllevaría el colapso de la cadena alimenticia
marina: en seis meses el zooplancton devoraría al fitoplancton
para después acabar muriendo.
No obstante, el nivel al que cesa su actuación la fotosíntesis
no del todo conocido y varía en las distintas especies. Se
estima que ésta cesa cuando la intensidad de la luz disminuye
a un 1% de lo normal, aunque existen algunos organismos que sobreviven
con aún menos (algas azulverdosas en la Antártida
fotosintetizan con un 0.1% de la intensidad de la luz normal). De
todas maneras, hay que señalar que la reducción de
la intensidad solar no sería idéntica en toda la superficie
del globo terrestre, por lo que habría zonas en nuestro planeta
que no sufrirían unos efectos tan perjudiciales. En cambio,
en las zonas más castigadas sólo podrían sobrevivir
al colapso de la cadena alimenticia algunas criaturas que pudiesen
hibernar o permanecer en estado latente, animales de pequeño
tamaño que no necesitasen mucha dieta para sobrevivir, los
que pudiesen alimentarse de plantas y aquellos capaces de escapar
del frío superficial cavando madrigueras bajo tierra.
Tras
este periodo de frío se produciría el fenómeno
opuesto: desde el lugar del impacto se eyectarían por volatilización,
además de otras sustancias tóxicas procedentes del
impactante (Ni, Cr, Co...), grandes cantidades de H2O,
CO2, SO2 y NOX, que inducirían un efecto invernadero en el
planeta y contaminarían toda la superficie del mismo, provocando
lluvias ácidas (ácidos nítrico y sulfúrico)
que acidificarían la superficie marina y provocarían
la extinción en masa de la fauna planctónica. El calor
producido por el efecto invernadero (+10°C) no cesaría
hasta que el plancton marino y la flora terrestre volviesen a surgir,
algo que podría llevar entre 10.000 y 30.000 años.
Los
NOX resultarían altamente peligrosos, ya que serían
responsables de la reducción de la capa de ozono en más
del 90% durante varios años, hecho que afectaría más
a los seres vivos terrestres que a los que viven en el océano,
debido a los altos coeficientes de extinción de la radiación
ultravioleta en el agua marina. La combinación de dichos
NOX con el vapor de agua acabaría produciendo
HNO3, que
al precipitar sobre el océano –ya de por sí
más rico en CO2 debido al colapso de la fotosíntesis–
haría disminuir el pH de las aguas, alterando el nivel de
compensación de carbonatos y amenazando así a los
organismos de concha carbonatada delgada. En tierra firme, puede
corroer las hojas de las plantas y asfixiar y envenenar a los animales.
La oxidación de los NOX también produce
HNO2, muy peligroso, al ser venenoso y mutagénico.
Las
plantas terrestres serían los organismos más resistentes
a la extinción global: sus semillas y esporas, muy abundantes,
son capaces de sobrevivir durante largos periodos de tiempo, pudiendo
ser transportadas por el viento, agua o animales. Además,
cuando tienen lugar lluvias ácidas en bosques maduros, se
produce un lavado en varios niveles de hojas, lo cual reduce el
efecto de los ácidos en zonas próximas al suelo.
Resumen:
En
resumen, podemos decir que los efectos más destructivos que
se producen a causa del impacto de un asteroide son:
-
Calor inicial producido por el impacto (colisión, incendios...).
- Viento y tsunamis.
- Frío y oscuridad (invierno nuclear).
- Destrucción de la capa de ozono.
- Lluvias ácidas y envenenamiento por toxinas.
- Efecto invernadero.
Naturalmente
es importante tener en cuenta que estos fenómenos serán
más acusados o severos en función del diámetro,
velocidad o lugar en el que tiene lugar el impacto (continente,
océano, explosión atmosférica...). Asimismo
es importante tener en cuenta que –debido a la diversidad
geográfica, climatológica o biológica–
no todos ambientes del planeta sufrirían con la misma intensidad
las consecuencias de una colisión de un cometa o asteroide
contra la Tierra.
Conclusión:
Los efectos del impacto de un cuerpo asteroidal o cometario explicados
anteriormente han sumido a la Tierra en periodos de oscuridad y
provocado importantes crisis biológicas, afectando muy drásticamente
en varias ocasiones la evolución de la vida en nuestro planeta.
Los estudios estadísticos –basados en observaciones
astronómicas y evidencias geológicas– muestran
que un fenómeno como el sucedido en Tunguska tiene lugar
cada 2000 años. Se estima que los impactos de bólidos
de diámetros mayores a 2.5 Km ocurren cada 10 millones de
años y que la frecuencia con la que un cuerpo mayor de 10
Km de diámetro choca contra la Tierra se halla en torno a
una vez cada 100 millones de años. Naturalmente todas estas
cifras son estimativas, pero claramente muestran que estos catastróficos
eventos, tarde o temprano, tendrán lugar de nuevo.
Para
saber más:
Earth
Impact Database (Base de datos de cráteres de impacto terrestres):
http://www.unb.ca/passc/ImpactDatabase/
Información
sobre cráteres de impacto terrestres:
http://www.solarviews.com/eng/tercrate.htm
http://www.lpi.usra.edu/publications/slidesets/craters.html
Página
web dedicada a los posibles impactos contra la Tierra:
http://impact.arc.nasa.gov/
Se
permite la reproducción siempre y cuando se tengan en cuenta
las siguientes condiciones en:
http://www.astroenlazador.com/permiso.htm
© Astroenlazador.com
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