1.- ¿Qué es realmente un tsunami y cómo se produce? El fenómeno que denominamos "tsunami" consiste en una serie de olas de enorme longitud de onda y periodo producidas por una perturbación submarina importante, o bien por actividad geológica próxima a la costa de un océano. El origen del propio tsunami es el desplazamiento repentino de un gran volumen de masa de agua o la rápida elevación/descenso del lecho marino a consecuencia de un movimiento sísmico. Estos eventos y la fuerza de la gravedad son el origen de grandes ondas que comienzan a desplazarse desde su punto de origen hasta alcanzar las costas. La palabra "tsunami" procede de las palabras japonesas "Tsu" (puerto) y "Nami" (onda). A veces, para denominar este fenómeno, se emplea la expresión "onda sísmica marina o mareal", aunque en realidad el origen de los tsunamis no sólo se encuentra asociado a los terremotos, sino a causas diferentes -erupciones volcánicas, deslizamientos o impactos de asteroides- que crean ondas de diferentes características, aunque tan destructivas o más que las primeras. De todos modos, el término "tsunami" se ha adoptado internacionalmente para referirse a todos los fenómenos de esta naturaleza.
2.1.-
Los terremotos
Un terremoto o movimiento sísmico
es una vibración que viaja a través de la corteza terrestre.
Los tsunamis de origen terrestre más destructivos se generan a
causa de terremotos cuyo foco -punto de origen- se encuentra próximo
al lecho oceánico. Los lugares en los que se generan estos movimientos
sísmicos no se encuentran distribuidos al azar, sino que algunas
regiones de nuestro planeta son más propensas a sufrir este tipo
de terremotos que otras: esto se debe a la disposición en placas
de la litosfera terrestre.
La litosfera de nuestro planeta está
constituida por un pequeño número de placas de 70 a 25 Km
de espesor, que flotan sobre una capa infrayacente llamada astenosfera,
formada por material viscoso a mayor presión y temperatura. Estas
placas cubren toda la superficie de la Tierra e incluyen a la corteza
tanto continental como oceánica, pero no se encuentran fijas las
unas con respecto a las otras, sino que se desplazan a velocidades muy
lentas, inferiores a 10 cm/año.
Las placas, pues, se sitúan en contacto, pero se desplazan unas con respecto a otras: algunas se separan entre si, otras convergen, hundiéndose una bajo la otra (subducción); existen también pares de placas que se deslizan horizontalmente, desplazándose una en sentido opuesto con respecto a la otra... Estos movimientos y desplazamiento son los que generan, en algunos casos, los movimientos sísmicos de mayor o menor intensidad. La mayor parte de los terremotos suceden en zonas en donde tiene lugar la subducción de placas oceánicas bajo las continentales o bien bajo otra placa oceánica más joven. En esas zonas de subducción se encuentran las fosas más profundas del planeta, islas volcánicas o cadenas montañosas. Japón, por ejemplo, se halla en una zona de este tipo, siendo uno de los países de la Tierra que más terremotos -de diferente magnitud- sufre al año.
Ejemplo de la separación de placas es
el que tiene lugar en el océano Atlántico, en donde
se separan las placas Norteamericana y Euroasiática (en la
zona norte) y las Sudamericana y Africana (el sur). El "hueco"
que dejan es rellenado constantemente por material igneo procedente
del interior terrestre, que va formando nueva corteza oceánica.
Otra fuente de terremotos son las placas que se desplazan horizontalmente (transformantes): se producen en el contacto de dos placas que se desplazan en sentido opuesto una con respecto a otra. Es dicho contacto se genera fricción y tensiones, las cuales, al ser repentinamente liberadas -con el consiguiente desplazamiento relativo de las placas- originan los terremotos. Este es el caso de la zona de California. Ejemplo de placas que se desplazan horizontalmente, una en sentido opuesto con respecto a la otra. Para medir la magnitud de un terremoto se emplea la escala de Ritcher, ideada en el Instituto Tecnológico de California en 1934 y que expresa la energía liberada por el éste. Se expresa desde el valor 0 al 10 y está basada en la escala logarítmica, de tal forma que cada grado entero de la escala representa un incremento de diez veces la amplitud del entero anterior. Por ejemplo: una magnitud 1 de Ritcher representa la energía liberada por una detonación de 170 gramos de TNT; una magnitud 4 corresponde a la explosión de 6 toneladas de TNT y una magnitud 8 representa una explosión de 6 millones de toneladas de TNT. Existe otra escala empleada para medir
la magnitud del terremoto, la de Mercalli, desarrollada en 1902 por el
geólogo italiano Giuseppe Mercalli y que está basada en
los efectos del terremoto sobre las cons
trucciones
humanas. Debido a que se trata de una escala bastante más subjetiva,
su uso es cada vez menor entre los profesionales de la Geología.Representación de la escala de Ritcher. Las áreas circulares muestran la escala de crecimiento logarítmico para las magnitudes entre 1 y 3. Si quisiésemos representar el valor de un terremoto de magnitud 10, necesitaríamos una pantalla de unos 150 metros de anchura. No todos los movimientos sísmicos
son generadores de tsunamis, sino sólo aquellos más violentos
(generalmente los superiores a 7.5 en la escala de Ritcher), en los cuales
el foco se sitúa a una profundidad inferior a los 60-70 km bajo
el océano -o en el continente, pero muy cerca del mismo- y produce
movimientos verticales del material de la corteza oceánica. La
mayor parte de los movimientos sísmicos que generan tsunamis tienen
lugar en las zonas de subducción, en donde se cumplen estas condiciones.
Los desplazamientos verticales alteran el equilibrio de la superficie
del océano, produciendo grandes desplazamientos de agua y generando
tsunamis destructivos, los cuales pueden viajar largas distancias, de
varios miles de kilómetros.
2.2.- Vulcanismo Aunque es relativamente infrecuente, las erupciones volcánicas
violentas también pueden generar perturbaciones importantes,
capaz de desplazar grandes volumen de agua y generar tsunamis e Imagen: el volcán Shishaldin, situado en la isla Unimak (Islas Aleutianas). Uno de los tsunamis más destructivos -y conocidos- es el que se produjo el 26 de agosto de 1883 tras la explosión y colapso de la cámara magmática del volcán Krakatoa, en Indonesia. Esta explosión produjo ondas que alcanzaron más de 40 metros de altura, arrasando todo lo que se encontraron a su paso a su llegada a la costa.
Al igual que en la superficie terrestre se producen deslizamientos y flujos de material en laderas inestables, estos mismos fenómenos también tienen lugar en los fondos marinos. Tales eventos se producen como consecuencia de la inestabilidad y derrumbamiento masivo de material en pendientes submarinas, a veces generados por movimientos sísmicos. De hecho, la mayor parte de estos fenómenos se sospecha están causados por terremotos violentos. Por lo general, la energía de las ondas de un tsunami provocado por un deslizamiento submarino suele ir disipándose según se desplaza desde su origen a través del océano. De todos modos, curioso resulta el hecho de que el mayor tsunami jamás observado se desencadenó el 9 de julio de 1958 a consecuencia de un deslizamiento de este tipo en Lituya Bay (Alaska), producido por un terremoto, alcanzando la onda resultante una altura inicial de 520 metros y que rápidamente disminuiría, aunque causando cuantiosos daños.
Los impactos asteroidales o cometarios son una de las fuentes de tsunamis más destructivos, aunque, afortunadamente, la frecuencia con la que ocurren tales eventos es muy baja y hasta la fecha ninguno ha sido registrado en tiempos históricos, aunque existen claros indicios de impactos que han causado tsunamis devastadores en épocas geológicas. Desde hace varios millones de años no se han producido
colisiones con grandes cuerpos asteroidales, existiendo tan sólo
registros recientes de impactos producidos por objetos de diámetros
inferiores a los 100 metros. De todos modos, objetos de mayor diámetro
han colisionado contra nuestro planeta produciendo extinciones en masa
e importantes cambios climatológicos, tal como atestiguan los
cráteres de impacto existentes en la Tierra que no han sido borrados
por la acción de los agentes geológicos. Debido a que
existen importa Pequeño cráter de impacto (850 metros de diámetro) en Wolf Creek (Australia), el cual ha sido parcialmente enterrado por materiales transportados posteriormente a causa la acción del viento. Se estima que esta estructura de impacto se formó aproximadamente hace 300.000 años, sin producir mayores efectos en los ecosistemas terrestres. La caída de asteroides o cometas
contra los mares y océanos de nuestro planeta puede generar tsunamis
de proporciones cataclísmicas: los científicos que estudian
los registros geológicos y realizan modelizaciones informáticas
de tales eventos concluyen que el impacto de un asteroide de varios
cientos o pocos kilómetros de diámetro generaría
-entre otras consecuencias no menos catastróficas- una serie
de tsunamis que producirían gran devastación en el planeta.
El bólido causante del impacto se desplazaría a tal velocidad
que tardaría fracciones de segundo en atravesar el espesor de
un océano cualquiera, colisionando contra el fondo marino. Este
choque provocaría un terremoto de magnitud 12 en la escala de
Richter y un calentamiento del punto de impacto en unos 100.000°C,
Representación artística del impacto que hace 65 millones de años tuvo lugar en la zona que hoy es la Península de Yucatán, marcando el final del Cretácico e inicio del Terciario. El punto de impacto se encontraba en una región próxima al océano, por lo que una de sus consecuencias fue la generación de tsunamis que arrasaron amplias zonas del planeta. La colisión produciría la excavación de parte del lecho marino y acto seguido, el agua intentaría rellenar la cavidad rápidamente, de modo que un anillo de ondas comenzaría a desplazarse desde el punto del impacto en todas direcciones: el impacto crearía así ondas (tsunamis) de todas las frecuencias y longitudes de onda, pero siendo una de ellas más o menos similar a la del diámetro de la cavidad. Por ejemplo, un tsunami producido por una colisión de este tipo en un punto intermedio del océano Atlántico generaría ondas que se propagarían por todo el Océano Atlántico y el Caribe, decayendo según van viajando. Pocas horas después del impacto, olas de entre 60 y 120 metros de altura alcanzarían la costa Este de los EEUU y Europa. Además, las olas también podrían desestabilizar los materiales que yacen en las pendientes topográficas marinas, causando deslizamientos y desencadenando tsunamis secundarios. La formación de tsunamis como consecuencia de explosiones nucleares tampoco es descartable, aunque la realización de tests de este tipo por parte de las diferentes potencias nucleares del planeta -actualmente prohibidos- no ha producido fenómeno alguno de este tipo. ** Más información
sobre las colisiones de asteroides y cometas contra la Tierra:
"Especial: Las consecuencias de un impacto" 3.- ¿Cómo viaja el tsunami a través de las masas de agua oceánicas? Una vez que se genera un tsunami, su energía es distribuida en una columna de agua desde la superficie hasta el fondo. El tsunami consiste en una serie de ondas de gran longitud, las cuales se emiten en todas direcciones desde el área fuente, de un modo similar a las ondas que se forman al dejar caer un guijarro en un estanque. Tanto la longitud de onda de las ondas que constituyen el tsunami como su periodo dependerán del mecanismo que genere la perturbación, así como de las dimensiones del lugar de origen (que no serán iguales si se trata de un terremoto o de un deslizamiento). El periodo de las ondas de tsunami suele oscilar entre los 5 y 90 minutos, presentando sus crestas varios miles de kilómetros de longitud y separándose las unas de las otras por un espacio de pocas decenas a cientos de kilómetros mientras se desplazan por el océano. Uno de los aspectos más significativos de los
tsunamis producidos por eventos terrestres son sus dimensiones: en el
océano profundo, la longitud de onda suele ser como máximo
de 200 km y la altura de las ondas (diferencia entre cresta y valle)
generalmente no supera el metro, siendo en la mayor parte de los casos
de pocos centímetros. Por esta razón, los pasajeros situados
en embarcaciones que navegan en aguas profundas no advierten la presencia
del tsunami, el cual sólo provoca un ascenso y descenso suave
de la superficie marina. Algunos de los eventos más destructivos
de este tipo Los científicos pueden predecir el tiempo que un tsunami tardará en alcanzar la costa basándose en el fenómeno que produce la perturbación, en la topografía submarina y en la situación y características de las zonas costeras.
Imagen: un tsunami arrasa la costa de la isla Cocoanut (Hawaii) el 1 de abril de 1946.
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