Saturno
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Saturno
es el segundo planeta en orden de tamaño del Sistema
Solar, bien conocido por resultar el cuerpo más llamativo
para la observación astronómica, fundamentalmente
debido a la espectacularidad de su sistema de anillos. En
muchos aspectos Saturno parece una versión reducida
del planeta
Júpiter: presenta una atmósfera con bandas y
cinturones no tan destacados como los de éste; está
formado
por hidrógeno y helio –existiendo también
cierta cantidad de metano y amoníaco– y se halla
rodeado por un buen número de lunas, algunas de gran
tamaño.
Su densidad media es de 0,7 g/cm3, lo que lo convierte en
el planeta menos denso
del Sistema Solar. Esto, unido
a que su velocidad
de rotación es también bastante alta (un día
dura poco más de 10 horas), hace que Saturno sea el
planeta que mayor achatamiento presenta, siendo la longitud
de su diámetro polar unos 12000 Km menor que la del
diámetro ecuatorial.
Al igual que Júpiter, Saturno emite entre 2,2 y 2,5
veces más radiación de la que recibe del Sol.
La fuente de este exceso de calor es en parte desconocida;
no obstante, parece ser demasiado elevada para
que sea exclusivamente calor primordial de formación
del planeta. |
Atmósfera
La atmósfera de Saturno es similar en apariencia a la del
planeta Júpiter, aunque sus rasgos no son tan prominentes
como los de este último. Existen, no obstante, algunas diferencias
destacables: parte de la atmósfera del hemisferio diurno
se halla situada frecuentemente en sombra debido a que el sistema
de anillos de Saturno absorbe buena parte de la luz solar. El planeta
presenta también cinturones y zonas paralelas a su ecuador
con una dinámica similar a las del planeta Júpiter,
aunque de un aspecto no tan marcado como el primero. A pesar de
que son comunes las tormentas en forma de óvalos, no se conocen
rasgos permanentes como la Gran Mancha Roja de Júpiter. En
ocasiones se han formado grandes tormentas de nubes blanquecinas
ricas en cristales de amoníaco, las cuales han persistido
cierto tiempo (semanas o pocos meses), pero mucho más breve
en comparación con la Gran Mancha Roja.
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Imagen:
los anillos de Saturno crean sombras en el hemisferio Norte
del planeta. Obsérvese el anillo translúcido
C y el anillo exterior F. La
imagen fue obtenida con la cámara de campo estrecho
de la sonda Cassini empleando luz visible, el 10 de mayo
de 2004, a 27.2 millones de kilómetros del planeta.
Imagen:
una tormenta en el ecuador de Saturno, fotografiada por
el Hubble, de tamaño cercano al diámetro de
la Tierra y rica en cristales de amoníaco. Este tipo
de fenómenos a escala tan grande son bastante raros;
en este caso, tormentas de este tipo suelen aparecer cada
57 años, cuando tiene lugar el verano en el hemisferio
Norte de Saturno.
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Existen
también formaciones más pequeñas, como óvalos
rojizos u oscuros, o nubes, etc. Debido a la importante emisión
de calor interno, los vientos que se producen en la atmósfera
superior de Saturno son los más rápidos conocidos
en el Sistema Solar, llegando a alcanzar cerca de 500 m/s.
Imagen:
esta foto muestra detalles concretos del hemisferio Sur
del planeta, que presenta varias manchas oscuras en las
latitudes medias, la mayor de ellas de unos 3000 Km de diámetro.
También son visibles patrones nubosos que indican
la existencia de turbulencia atmosférica. Esta fotografía
fue obtenida con la cámara de campo estrecho empleando
un filtro en el infrarrojo cercano el 7 de mayo de 2004,
desde una distancia de 28.2 millones de kilómetros.
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La
atmósfera de Saturno está compuesta fundamentalmente
por hidrógeno y helio, junto proporciones más pequeñas
de metano y amoníaco. La temperatura de la atmósfera
superior de Saturno se halla en torno a los -180°C.
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Campo
Magnético
Saturno presenta un campo magnético
y un cinturón de radiaciones atrapado. Considerando
el tamaño del planeta, el campo magnético
de Saturno es más débil de lo esperado: su
intensidad es un 5% la del campo joviano –aunque 1000
veces el de la Tierra–. Una de las características
más significativas es que el eje magnético
coincide prácticamente con el eje de rotación
del planeta, pero el campo magnético se encuentra
invertido, es decir, el polo norte magnético está
en el hemisferio Sur y el polo sur magnético está
en el hemisferio Norte (como comparación, en la Tierra
ocurre lo contrario).
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Composición
y estructura
Del hecho de que Saturno se halle principalmente compuesto por hidrógeno
y helio se puede deducir su baja densidad. El interior de dicho
planeta se considera similar al de Júpiter: un pequeño
núcleo rocoso rodeado de un manto de hidrógeno metálico,
el cual, cerca de la superficie, pasa a ser molecular (H2). Los
científicos piensan que Saturno también podría
presentar un núcleo externo líquido donde abundase
el agua, metano y amoníaco, estando todas estas sustancias
sometidas a una considerable presión y llegando a alcanzar
una densidad media de 4,5 a 7 g/cm3. La cantidad material silicatado
y de hierro se considera prácticamente nula.
¿Cuál
es la causa de la emisión térmica? Los científicos
han propuesto un modelo que podría explicar esta emisión,
basándose en la estructura interna del planeta. En el interior
de Saturno el helio existente se sufriría un proceso de separación
del hidrógeno, distribuyéndose de un modo no uniforme
a través del planeta. De este modo, la capa externa de hidrógeno
en el manto de Saturno se hallaría empobrecida en helio –pues
éste caería hacia el interior– mientras la capa
interna, situada por encima del núcleo, se iría enriqueciendo
en dicho elemento. Esta separación o diferenciación
generaría suficiente energía como para explicar el
alto flujo térmico actual de Saturno. Los científicos
consideran que este proceso puede tener también consecuencias
en el magnetismo del planeta, explicando la baja intensidad del
campo magnético –relativa a la de Júpiter–
y su simetría con respecto al eje de rotación.
Anillos de Saturno
Los anillos de Saturno consisten en una masa de residuos rocosos,
los cuales se hallan girando en torno al planeta en órbitas
situadas en su plano ecuatorial. Éstos pueden detectarse
desde la Tierra con cualquier tipo de telescopio, e incluso se pueden
intuir empleando prismáticos potentes. El sistema de anillos
de Saturno se extiende a lo largo de 270.000 Km –tres cuartas
partes de la distancia entre la Tierra y la Luna– pero tan
sólo presentan unos cientos o decenas de metros de espesor.

Imagen
: un aspecto detallado de los anillos de Saturno
con una resolución de 10 Km. Imagen obtenida por
la sonda Voyager 1. En la parte derecha se encuentra la
división de Cassini y en el borde interno del anillo
A algo a la izquierda, siendo aquel de aspecto más
brillante.
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Imagen
: fotografía de la sonda Voyager 1 en la que
se aprecia Saturno en fase creciente y su sistema de anillos.
Apreciar cómo estos son en parte transparentes y permiten
observar el planeta a su través.
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Imagen:
mosaico de fotografías de la sonda espacial Voyager
centradas en el anillo C, observado desde 2.7 millones de
kilómetros. Las tomas se muestran en colores falsos,
para apreciar la presencia de anillos más delgados
y divisiones. En la parte superior de la imagen se observa
el anillo B, en color marrón claro.
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Los
tamaños de las partículas de estos anillos están
comprendidas entre bloques de varios metros hasta gránulos
de tamaño arena o incluso menor. En su conjunto, si pudiésemos
reunir toda la materia de estos anillos y formar un nueva luna de
Saturno, esta sería de un tamaño similar al de su
satélite Mimas, de casi 400 Km de diámetro (mucho
menor que nuestra Luna).
La
hipótesis más aceptada acerca de la formación
de este sistema de anillos es la que considera que el material situado
en torno al planeta durante su formación no pudo acreccionarse
o acumularse para formar un satélite, debido al efecto de
fuerzas de marea.
En la imagen inferior puede verse la subdivisión del sistema
de anillos de Saturno, realizada a partir de los datos obtenidos
fundamentalmente por las sondas Pioneer y Voyager. Cada anillo se
halla formado realmente por un gran número anillos menores
–desde cientos a miles–, los cuales a su vez están
constituidos por partículas de hielo de distintos tamaños.
En algunas zonas existen las llamadas divisiones, zonas aparentemente
vacías en donde se suelen hallar pequeños satélites
pastores, lunas de pocos kilómetros de diámetro que
cumplen labores de confinamiento entre los anillos, impidiendo que
el material de éstos caiga hacia el planeta o se aleje del
mismo.
Los
científicos creen que el anillo más interno (D) –el
más cercano a la superficie nubosa de Saturno– pierde
material progresivamente debido a la fricción con la atmósfera
externa del planeta, la cual provoca que las partículas de
dicho anillo giren cada vez más rápido y más
cerca del planeta hasta caer en él. Además, es probable
que también haya un flujo lento de partículas procedentes
del anillo C hacia el D, acercándose cada vez más
hacia la superficie gaseosa de Saturno.
Por
otro lado, se ha sugerido que uno de los satélites de Saturno,
Encelado, podría ser una fuente de partículas que
alimentase el anillo E, de aspecto muy tenue, pues la órbita
de este satélite se sitúa bastante próxima
a la zona externa de este anillo. El mecanismo de generación
de esta nueva materia no es conocido, aunque se ha propuesto la
existencia de erupciones de tipo geiser. Esta hipótesis espera
ser corroborada o descartada mediante las investigaciones de la
sonda Cassini.
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